Comentario
La reorganización del gabinete como una oportunidad perdida: la confianza en Merz disminuye
Una reorganización del gabinete puede ser una señal de renovación, una oportunidad para un nuevo comienzo. Sin embargo, el canciller Merz ha desperdiciado esa posibilidad con su confuso ajuste, opina Kerstin Palzer.
La renuncia de Jens Spahn podría haber sido una oportunidad para el canciller. No obstante, no la aprovechó. En lugar de eso, el reinicio del personal se ha visto entorpecido.
No hay señal de renovación, como ya ha sucedido antes. La cantidad de confianza que el canciller ha perdido en los últimos días dentro de su propia facción y en el partido es enorme. Claramente, para Merz, la lealtad —quizás incluso la sumisión— es un criterio importante para las designaciones.
Solo quienes no se han destacado por criticar al canciller obtienen un nuevo cargo importante. Sin embargo, así no se dirige una empresa moderna, y mucho menos un partido.
Un problema para Friedrich Merz es que muchas personas, votantes incluidas, le acusan de carecer de empatía. La forma en que ha destituido ahora a Patrick Schnieder como ministro de Transporte no ha hecho sino agravar esta percepción.
Golpe político desde Renania-Palatinado
Que una federación estatal completa de la CDU —la de Renania-Palatinado— haya retirado su confianza al canciller y hable de una falta de apreciación es un duro golpe político para Merz.
A esto se suma que las federaciones estatales de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Sajonia-Anhalt tampoco se sienten especialmente apoyadas en sus difíciles campañas electorales por una secretaria general prácticamente desconocida de Hamburgo.
El cambio de personal ha revelado lo limitado que es el círculo de personas en las que Friedrich Merz confía. Aún peor es que se reduce el círculo de miembros de la Unión que confían en Friedrich Merz.
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