Una ola de calor y sequía persistente ha dado lugar a incendios forestales continuos en España y Portugal, algunos de los cuales son tan intensos que desafían incluso a los bomberos más experimentados. Científicos mencionan varias causas para estos fenómenos.
Andalucía a principios de junio: las llamas alcanzan varios metros y tiñen el cielo de rojo, mientras el fuego consume colinas cerca de la costa mediterránea. Francisco Reyes, alcalde de Los Gallardos al noreste de Almería, expresa su desesperación: “Miren las llamas detrás de mí, es aterrador. Debido al viento, el fuego se propagó rápidamente”.
En total, se queman 7.000 hectáreas y 13 personas pierden la vida, convirtiéndose en uno de los incendios forestales más graves en la historia de España. Muchos residentes, como José Antonio Flores, pierden todo: “Es desgarrador. Nos quedamos sin nada. Trabajé allí… ahí está mi hijo. Lo crié exactamente donde ahora está el fuego. Tenía 600 naranjos.”
Más de 100.000 hectáreas afectadas por fuego
Desde hace semanas, las imágenes de las zonas afectadas por los incendios en España son similares: primero las fuerzas de emergencia luchando contra las llamas día y noche, y luego tierra quemada, casas destruidas y residentes desesperados.
Datos del Sistema de Información sobre Incendios Forestales de la Comisión Europea indican que desde el inicio del año, más de 100.000 hectáreas de suelo español han sido afectadas por incendios masivos, más que toda la superficie de Berlín. Las autoridades describen el “comportamiento agresivo” de las llamas, que se desplazan a velocidades de varios kilómetros por hora.
“Las condiciones atmosféricas son diferentes”
María Gómez, ingeniera forestal encargada de la prevención y reforestación en el gobierno regional de Castilla y León, explica que esto dificulta la extinción: “Los incendios se expanden tan rápidamente porque las condiciones atmosféricas ahora son diferentes a las de antes”. Las olas de calor duran mucho más y traen cambios climáticos repentinos. “Cuando una ola de calor termina, a menudo trae fuertes vientos que complican aún más las labores de extinción”.
Gómez señala que el trabajo de prevención puede variar enormemente según la región. A corto plazo, el objetivo principal es cortar el suministro de material combustible al fuego, creando cortafuegos para facilitar el acceso de las unidades de extinción. En su región, han reforzado significativamente los equipos con bulldozers, tractores y helicópteros.
No es una cuestión de recursos, sino de intensidad del incendio
Sin embargo, a veces eso no es suficiente, enfatiza Juan Picos, investigador sobre la contención de incendios forestales en la Universidad de Vigo en el norte de España. “En incendios como el actual en la provincia española de Guadalajara, que ya ha quemado aproximadamente 32.000 hectáreas, una superficie como 45.000 campos de fútbol, se vuelven incontrolables”, explica Picos. “Cuando hay mucho material combustible y el incendio es de alta intensidad, no hay forma de enfrentarlo directamente.” Los equipos deben contenerlo muy lentamente, esperando una oportunidad, dice el experto en incendios forestales. “Mientras tanto, el incendio continúa sin control. No es un problema de falta de medios, helicópteros o equipos, es una cuestión de la intensidad del incendio, contra la cual no hay solución.”
Un factor que contribuye a estos grandes incendios es que en España y Portugal muchas personas se han mudado a las ciudades. Incluso donde las comunidades rurales persisten, los campos a menudo no se manejan activamente mediante agricultura, silvicultura o ganadería. Además, está el cambio climático causado por el hombre, advierte Picos.
“El cambio climático básicamente cocina esta vegetación, haciéndola inflamable y secándola”. Aunque no es posible revertir esta situación de un año a otro, el científico sugiere que “lo que podemos hacer es prepararnos. Intentamos reducir el impacto en la población ajustando nuestros protocolos operativos, para que podamos estar al menos un poco preparados para eventos que sabemos que ocurrirán y nos acompañarán por un tiempo”.
A largo plazo, Picos ve dos enfoques posibles: avanzar en la protección climática para frenar el calentamiento global y gestionar cuidadosamente el uso del paisaje. Recomienda a los países del norte de Europa aprender de las experiencias del sur y prepararse para situaciones similares.
