Récords de audiencia, entradas caras, una tarjeta roja revocada, abucheos para el jefe de la FIFA Infantino y el presidente de los EE.UU. Trump durante la ceremonia de premiación: un Mundial de contradicciones ha terminado. ¿Qué queda?
Cuando el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el presidente de los EE.UU., Donald Trump, ingresaron al campo para la ceremonia de premiación, se escucharon claramente abucheos. A diferencia del año pasado, Trump se ajustó al protocolo y no se inmiscuyó entre el círculo de los jugadores españoles celebrando.
No obstante, Trump no se retiró de inmediato del escenario, permaneciendo al lado del nuevo campeón mundial y así quedando como parte de las imágenes de celebración. Esta imagen final cuenta solo una parte de la historia de esta Copa del Mundo. Más allá de las discusiones políticas, el torneo en los EE.UU. dejó huellas en la sociedad.
Récords de audiencia televisiva
Aunque el fútbol ya es uno de los deportes juveniles más populares del país, en cuanto a los hombres solía carecer de atención masiva. La cadena de televisión Fox alcanzó récords de audiencia durante el torneo en las transmisiones de fútbol. El partido de octavos de final entre EE.UU. y Bélgica fue visto por hasta 41 millones de personas.
La pasión también se hizo evidente fuera de las pantallas: las zonas de fanáticos se llenaron, los bares transmitieron los partidos y personas de diversas procedencias celebraron juntas. El experto en política Peter Loge de la Universidad George Washington ve en esto el mayor éxito social del torneo.
“Espero que los estadounidenses recuerden que somos mejores cuando estamos juntos”, explica Loge. La política ha dividido a las personas por mucho tiempo. “Este torneo nos recuerda que los estadounidenses son mejores cuando pasan tiempo juntos en restaurantes, bares y parques, con amigos, con otras personas, en público”.
Precios altos, pero estadios llenos
Según Loge, la Copa del Mundo también ha demostrado que la apertura de muchos estadounidenses y la política del gobierno de EE.UU. no siempre coinciden. Las personas en las sedes del torneo acogieron a fanáticos de muchos países y celebraron sus culturas. “Esto solo hizo más evidente la diferencia entre la población estadounidense y su presidente”, explica Loge.
En muchas áreas se vio lo que el torneo generó socialmente: “Kansas apoyó al equipo argelino, bandas estadounidenses tocaron el himno nacional de Argelia, los escoceses tomaron Boston”, comenta Loge.
Los precios de las entradas fueron uno de los temas más controversiales de esta Copa del Mundo. Los fanáticos acusaron a la FIFA de excluir a muchos aficionados locales con su política de precios variables. Según la FIFA, más de 6.6 millones de fanáticos asistieron a los 104 partidos, estableciendo un nuevo récord de asistencia.
Trump e Infantino son inseparables
Pocas figuras definieron políticamente la Copa del Mundo tanto como Donald Trump, a pesar de que el final fue su única aparición en un estadio. Su proximidad con el presidente de la FIFA, Infantino, se convirtió en el símbolo de un Mundial en el que el deporte y la política eran inseparables.
El caso del delantero estadounidense Folarin Balogun generó discusiones a nivel mundial. Después de que Trump declarara públicamente que había llamado a Infantino para solicitar una revisión de la tarjeta roja, el comité disciplinario de la FIFA levantó la suspensión. Si la llamada realmente influyó en la decisión sigue siendo incierto.
No obstante, la mera percepción de una interferencia política ha dañado, según muchos observadores, la credibilidad de la FIFA y del torneo. “La llamada del presidente Trump a Gianni Infantino para revocar una tarjeta roja ha confirmado muchas de las opiniones que ya tenía el mundo sobre él”, afirma Loge. Trump da la impresión de que haría cualquier cosa para obtener ventajas para sus propios intereses, a costa del resto del mundo.
Conflicto histórico y guerra contra un participante del Mundial
La dimensión política no se limitó a Trump. La semifinal entre Inglaterra y Argentina estuvo acompañada por el conflicto histórico de las Islas Malvinas. Los jugadores argentinos celebraron posteriormente con una pancarta que reivindicaba el reclamo argentino sobre las islas.
Aún más notable fue la situación de Irán. Durante el torneo, EE.UU. estuvo en guerra con un participante de la Copa del Mundo, una situación sin precedentes para la FIFA. Irán tuvo que trasladar su campamento del Mundial a México antes del torneo. Constantemente surgieron preguntas sobre la entrada y salida y sobre la seguridad. Mientras el equipo iraní en declaraciones oficiales asumía un papel de víctima, los aficionados mostraban en los estadios banderas de la época anterior a la Revolución Islámica y pedían un cambio político en Teherán.
Árbitro somalí no pudo ingresar
Antes del inicio del Mundial, muchos temían que la agencia de inmigración estadounidense ICE pudiera actuar cerca de los estadios. Estas preocupaciones no se materializaron durante el torneo. No se conocieron arrestos en las cercanías inmediatas de las sedes. ICE aparentemente evitó el foco público durante el torneo.
Sin embargo, fuera de los estadios, el gobierno de EE.UU. continuó con su política de inmigración estricta. Durante la Copa del Mundo, el número de arrestos y deportaciones aumentó. The New York Times informó a principios de julio, basándose en fuentes oficiales, de 10,000 arrestos en cinco días. Dos personas murieron en julio durante estas operaciones.
El torneo mismo no permaneció ajeno a la política de inmigración. Al árbitro somalí Omar Artan, elegido como árbitro del año en África, no se le permitió ingresar a EE.UU. Las autoridades estadounidenses lo acusaron de tener vínculos con organizaciones terroristas, aunque no presentaron pruebas de ello.
Una Copa del Mundo de contradicciones
Quizás este sea el contraste más significativo que dejó este Mundial: en las gradas, fanáticos de todo el mundo celebraron juntos. Fuera de los estadios, guerras, políticas de inmigración y cuestiones de poder dominaron los titulares. Sin embargo, Loge ofrece una evaluación positiva del impacto social: “Nuestra política a menudo nos transmite que somos completamente diferentes debido a nuestro origen, religión o idioma. Este Mundial demostró que somos mejores cuando nos unimos para divertirnos y hacer ruido juntos”.
Y durante la entrega del trofeo, en el escenario de los ganadores se encuentran Donald Trump y Gianni Infantino, dos hombres cuya estrecha relación se ha convertido en un símbolo de cómo el fútbol y la política se han vuelto inseparables.
