Hace 30 años, el nacimiento de la oveja “Dolly” marcó un hito en la ciencia al ser el primer mamífero clonado. Actualmente, este avance sigue siendo la base de investigaciones cruciales. ¿Qué puede lograr la clonación y cuáles son sus límites, especialmente desde un punto de vista ético?
El 5 de julio de 1996, en el Instituto Roslin cerca de Edimburgo, ocurrió una verdadera revolución científica: el nacimiento de “Dolly”, el primer mamífero clonado con éxito.
Tres décadas después, la clonación de animales se realiza a mayor escala en la agricultura, en el deporte ecuestre y de manera creciente en mascotas. Paralelamente, los investigadores utilizan esta técnica en la conservación de especies, con el objetivo de preservar especies amenazadas o asegurar la diversidad genética.
Sin embargo, las cuestiones éticas fundamentales de aquel entonces continúan vigentes hoy: ¿hasta dónde puede llegar el hombre simplemente porque tiene la capacidad técnica para hacerlo?
Un impacto global y su legado
“Dolly” fue el resultado de 277 intentos, de los cuales solo uno tuvo éxito. Los investigadores Ian Wilmut, Keith Campbell y Angelika Schnieke emplearon la técnica de transferencia nuclear somática, que consiste en inyectar el núcleo de una célula mamaria en un óvulo cuyo núcleo ha sido extraído. El nombre “Dolly” rendía un simpático homenaje a la cantante de country Dolly Parton.
La publicación en la revista científica Nature a comienzos de 1997 provocó reacciones sorprendidas en todo el mundo. Mientras crecía la indignación y el escepticismo, y la revista Spiegel fantaseaba con clones de Albert Einstein o Adolf Hitler, la comunidad científica lo consideró un avance revolucionario. Hasta ese momento, se consideraba imposible que un organismo completo surgiera de una célula corporal especializada.
Sin embargo, “Dolly” envejeció prematuramente, desarrolló artritis y una enfermedad pulmonar, y en 2003 fue sacrificada a la temprana edad de seis años. Generalmente, las ovejas pueden vivir de 10 a 20 años. Hoy en día, el cuerpo disecado de la oveja clonada se encuentra expuesto en el Museo Real de Edimburgo, Escocia.
Cómo “Dolly” allanó el camino hacia el Nobel
El verdadero legado de “Dolly” no radica en la producción masiva de ovejas idénticas, sino en la investigación con células madre. El éxito en la clonación preparó el terreno para que Shinya Yamanaka lograra en 2006 la creación de células madre pluripotentes inducidas (iPSCs).
Con esta técnica, es posible regresar células corporales maduras, como las de la piel, a un estado en el que pueden convertirse en cualquier tipo de célula del cuerpo, sin necesidad de crear un embrión. Por este aporte, Yamanaka recibió el Premio Nobel en 2012.
En la medicina moderna, la clonación desempeña un papel crucial junto con la ingeniería genética, especialmente en las xenotrasplantes. Investigadores buscan modificar genéticamente a los cerdos para que sus órganos puedan ser trasplantados a humanos sin ser rechazados. Esto requiere una línea de donantes idénticos, producidos a través de la clonación.
Además, estos animales sirven como modelos precisos para investigar enfermedades como el Alzheimer. Los investigadores dotan a los cerdos con defectos genéticos que causan la enfermedad, permitiendo probar en ellos diagnósticos y tratamientos.
Los experimentos con animales son una práctica común en la investigación médica y básica. Sin embargo, en la Unión Europea solo se permiten si no hay métodos alternativos científicamente satisfactorios. Los experimentos con animales son éticamente controvertidos, y con frecuencia se debate la protección animal frente al beneficio científico. Esto ha impulsado más investigaciones en métodos alternativos.
¿Una esperanza para la conservación de especies?
La clonación abre un nuevo capítulo en la conservación de especies. Thomas Hildebrandt del Instituto Leibniz para la Investigación del Zoológico y la Vida Silvestre utiliza métodos celulares para salvar al rinoceronte blanco del norte, que está al borde de la extinción.
En el Instituto Leibniz también se almacenan los genes de muchas otras especies de animales en peligro. Hildebrandt y su equipo recolectan material genético en todo el mundo, que se conserva en tanques criogénicos a -195 grados Celsius.
Aún más ambicioso es el proyecto de Colossal Biosciences, que con un fuerte respaldo financiero y la técnica CRISPR-Cas9, busca resucitar al mamut. Más precisamente, trabajan en crear un elefante resistente al frío con características de mamut.
Críticos como Hildebrandt advierten que la clonación, por sí sola, no puede salvar especies. Para una población estable es necesaria la diversidad biológica en lugar de la homogeneidad genética.
Cuestiones éticas que persisten
A pesar de la comercialización de la clonación —que algunos famosos ya han solicitado para sus mascotas—, la técnica sigue siendo ineficiente y genera sufrimiento animal. En el caso de los perros, la tasa de éxito es solo del 2% aproximadamente.
Muchos clones nacen con serias deficiencias o mueren poco después de nacer. Arianna Ferrari, especialista en ética animal del Instituto Austriaco de Tecnología, advierte que para obtener un solo perro clonado saludable, muchas hembras donantes de óvulos y madres sustitutas deben someterse a procesos invasivos.
Solo permitido para investigación en Alemania
En Alemania, la clonación con fines comerciales está prohibida por la ley de protección animal y solo es permitida en proyectos de investigación aprobados.
Cuando nació “Dolly”, no existían regulaciones para el manejo de animales clonados ni en Escocia ni a nivel europeo. Sin embargo, las preguntas éticas sobre el equilibrio entre beneficios y sufrimiento animal que planteó “Dolly” hace 30 años persisten hasta hoy.
